Manos revisando gráficos de un estudio sobre liderazgo

El liderazgo que aprendí a ejercer hace 20 años ya no alcanza hoy. No porque los principios básicos hayan cambiado, sino porque las personas a las que lideramos —y el mundo en el que lo hacemos— cambiaron primero.

Los tres atributos de un buen líder, según la evidencia

Un estudio del Boston Consulting Group (BCG), presentado en ICARE en 2022 y basado en más de 9.000 encuestados en nueve países —incluyendo Chile—, propone algo simple pero revelador: el liderazgo se puede entender como la combinación de tres atributos. La Cabeza: visión, foco y capacidad de priorizar. Las Manos: ejecución, agilidad y coraje para innovar. Y el Corazón: coaching, escucha empática, reconocimiento y sentido de propósito.

Ninguno sobra. Pero el estudio encontró algo que vale la pena detenerse a mirar.

La brecha que casi nadie ve

Cuando las organizaciones atraviesan procesos de transformación, sus líderes tienden a poner más énfasis en la Cabeza y en las Manos —la estrategia, la ejecución, los resultados— y menos en el Corazón. Es comprensible: bajo presión, es más fácil medir un plan de acción que una conversación de escucha.

El problema es que los propios equipos valoran exactamente lo contrario. En la mayoría de los países del estudio, el Corazón es la dimensión que las personas más buscan en quien las lidera. Y en Chile, particularmente, es donde ese atributo pesa más que en casi cualquier otro país de la muestra.

Dicho de otro modo: mientras más presionadas están las organizaciones, más se alejan sus líderes de lo que sus equipos más necesitan de ellos.

De un liderazgo de mando a un liderazgo de servicio

La conclusión del estudio apunta en una dirección clara: el liderazgo tradicional, que dirige desde la autoridad y la jerarquía, tiene que evolucionar hacia un liderazgo servicial — uno que establece una visión clara, pero que la sostiene habilitando a las personas para desplegar todo su potencial, no solo ejecutando instrucciones.

Esto no es una tendencia pasajera ni una moda de gestión de personas. Es, cada vez más, la definición misma de lo que significa liderar bien: sostener con la misma firmeza la exigencia por resultados y el cuidado genuino de quienes los hacen posibles.

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